La villa romana de “La Loma del Regadío”

La villa romana de La Loma del Regadío (Urrea de Gaén), fue descubierta casualmente en 1959, cuando al realizar obras de acondicionamiento de un camino agrícola, se localizó un gran mosaico geométrico, posteriormente excavado, extraído y trasladado al Museo de Teruel, con el fin de garantizar su conservación.

Textos de: Beatriz Ezquerra (Museo Provincial de Teruel)

Introducción

Los dos pavimentos parecen corresponder a una estancia alargada, quizás a dos pasillos del peristilo. La composición es geométrica, ordenada en siete bandas longitudinales, divididas en espacios cuadrados y rectangulares (generados por un reticulado de bandas intersecantes). En los laterales encontramos, alternativamente, entrelazados, nudos de Salomón y rombos concéntricos, y en las centrales cuadrados mayores, alternando motivos florales con lazos, rombos, etc. Los colores de las teselas empleados son el rojo, amarillo, blanco y negro.

Localización de la Villa Romana

Desde 1997 el Museo de Teruel desarrolla un proyecto dirigido al estudio científico de la villa romana, su protección y conservación (incluyendo, en el futuro, la reinstalación de los mosaicos extraídos), y la difusión de los resultados de la investigación, mediante la musealización de los restos arqueológicos en su contexto y la realización de publicaciones y exposiciones temporales. La exposición “El mosaico de la Quimera. Técnicas de conservación y Restauración.”, realizada por el Museo Provincial de Teruel en abril de 1997, fue parte de este proyecto, que pretende contribuir al conocimiento de las formas de vida en la actual provincia de Teruel, durante el largo periodo hispano romano, a la vez que divulgar las técnicas y criterios utilizados en la conservación del patrimonio cultural.

El proyecto de investigación del Museo de Teruel, dirigido por Jaime D. Vicente y Beatriz Ezquerra, continuará durante 2000 y 2001, ampliando la zona de excavación donde se localizan las dependencias económicas de la villa. Simultáneamente, se realizan los necesarios trabajos de consolidación y protección de los restos constructivos, y de limpieza y restauración de los objetos aparecidos en las excavaciones, a través de un proyecto de conservación dirigido por Mª Pilar Punter y en el que participa un grupo de 5 restauradores de bienes culturales.


LA VILLA ROMANA DE “LA LOMA DEL REGADIO”

La villa se encuentra en un amplio valle junto al río Martín, cerca de la confluencia con el Ebro, en una región transformada ya en la antigüedad por irrigación (e ideal para el desarrollo de los productos hortícolas, trigo y praderas para el ganado) y por lo tanto, densamente poblada. Se integra en una red de asentamientos rurales romanos, distribuídos uniformemente a lo largo del valle (situados en pequeñas lomas o altozanos), que permitían la explotación intensiva del territorio.


Arqueólogos del Museo Provincial de Teruel en las excavaciones.

Este asentamiento, en curso de excavación, presenta una zona residencial, donde se localizan los mosaicos, y una zona donde, presumiblemente, se ubican las dependencias agrícolas, almacenes, graneros, algibes, hornos de fundición, etc.


Mosaico romano encontrado en la Villa Romana de Urrea de Gaén

Responde a un tipo de “villa-bloque de peristilo”: el centro vital se ordena en torno a un patio porticado (peristilo), alrededor del cual se incorporan las diferentes dependencias (el triclinium o comedor, la exedra o sala de recepción, etc.) y edificios agrícolas y de uso artesanal. Esta villa fue construída en el siglo II d. C. y ocupada hasta el s. IV d. C.

EL MOSAICO DE LA QUIMERA



Mosaico de la Quimera y Belerofonte encontrado en la villa romana de Urrea de Gaén.

En las excavaciones realizadas entre 1997 y 1998, se localizó una estancia junto al peristilo que conservaba gran parte de un mosaico de tipo geométrico, polícromo. Entre los motivos destaca la composición octogonal, inserta en cada uno de los paneles de forma cuadrangular: cada octógono está formado a su vez, por cuatro hexágonos irregulares (decorados con meandros polícromos), que enmarcan una cruz potenzada (con cada brazo en forma de T), a su vez inscrita en un cuadrado. En cada uno de estos esquemas compositivos se incluyen series de ondas tricolores, trenzas de dos cabos y triángulos encajados.

Delimitado por un espacio rectangular decorado por una serie de cubos en relieve (motivo característicamente oriental), se encuentra el emblema, o composición principal del pavimento que representa la lucha de Belerofonte contra la Quimera.

La leyenda de Belerofonte, narrada ya por Homero (La Iliada), fue después tratada por multitud de autores, como Hesiodo (Teogonía), Eurípides (Estenobea) o Sófocles (Yóbates). Belerofonte, hijo del rey de Corinto, tuvo que exiliarse a Argos, en la corte del rey Preto. La esposa de éste se enamoró de Belerofonte, amores a los que él no correspondía, ante lo cual ella hizo creer a su marido que Belerofonte había intentado seducirla. Para desembarazarse de él sin transgredir las leyes de hospitalidad, Preto envió a Belerofonte con el rey de Licia, Yóbates, con un mensaje en el que le pedía que diera muerte al héroe. Yóbates, para desembarazarse de él, le encargó múltiples pruebas, entre ellas el combate contra la Quimera, un monstruo terrible que vomitaba fuego, un híbrido con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Con la ayuda de Pegaso (el caballo alado nacido de Medusa, que un día Belerofonte había domado en Corinto), el héroe superó estas pruebas y se casó con la hija del rey. Cuando Belerofonte, engreído por el éxito, quiso alcanzar el Olimpo montado a lomos de Pegaso, Zeus lo fulminó con su rayo.

El mito del héroe, que por envidia y calumnias tiene que superar diversas pruebas para salvar su vida, adquiere una especial predilección representativa a partir del s. II d. C. dentro de las clases altas de la sociedad. El ciudadano romano estaba realmente obsesionado por la idea del Bien y del Mal; es una constante en su manera de pensar: la exaltación de la virtus o de la victoria, materializada en los diversos episodios mitológicos, como el de Belerofonte y también en las escenas de circo y de caza (el valor y la inteligencia del cazador que puede dominar la violencia y fuerza bruta de las bestias).

Las representaciones de este mito son muy numerosas; citaremos alguno de los múltiples ejemplos: en un vaso conservado en el Museo Nacional de Nápoles se representa todo el mito de Belerofonte. La iconografía desarrollada por las producciones de la ciudad de Corinto, cuna del héroe, reflejan bien algunos episodios de la vida del héroe (pintura vascular, tipos monetarios…). Pausanías cuenta que la muerte de la Quimera aparecía en el trono de Amicles, en el gran trono de Asclepios, en Epidauro y junto a Corinto, en el templo de Poseidón. Aparece también en cerámicas griegas de figuras rojas, en espejos etruscos, en la pintura pompeyana, en esculturas, relieves, medallones… etc. El uso de esta iconografía se prolongará en el tiempo, y posiblemente el San Jorge cristiano dando muerte al dragón pueda ser una transformación del mito.

La representación de la leyenda de Belerofonte es uno de los esquemas compositivos más frecuentes en la musivaria: el antecedente más antiguo se remonta al mosaico de Olinto, del siglo V a. E., extendiéndose su empleo a la etapa clásica y helenística. Hasta hoy, Hispania es el territorio que más ejemplares ha proporcionado (seis ejemplares, contando el mosaico de Urrea de Gaén). En el resto del Imperio la producción debió ser más reducida o están por descubrir: así tan sólo hay doce mosaicos con esta representación, repartidos entre Francia, Gran Bretaña, Suiza, Italia y Oriente.

Estudiosos del mito han señalado tres esquemas compositivos, que no son evolutivos, sino que por el contrario persisten: Belerofonte montado en Pegaso persiguiendo a la Quimera, adecuado para la pintura de los vasos cerámicos; el segundo esquema sería el de Belerofonte combatiendo a pie, que aparece en las monedas de Adriano; y finalmente el modelo en el que se superponen el héroe montado en Pegaso y la Quimera (al que pertenecería el mosaico expuesto).

Dos de los mosaicos hispanos, los de Bell-Lloch (Gerona), de la primera mitad del s. III, y Málaga, de finales del siglo II, representan el momento de la lucha entre Belerofonte y la Quimera; el de Ucero (Soria), la persecución de la fiera; y el de Mérida, la muerte del monstruo (éste último, también del siglo II); en el mosaico de Conímbriga (Portugal), de época severiana, se representa la muerte de la Quimera.

En el mosaico de Bell-Lloch, Pegaso está encabritado y Belerofonte se dispone a clavar la lanza en las fauces abiertas de la Quimera, vuelta hacia el héroe. Es el paralelo más cercano que hemos encontrado con el mosaico de Urrea, tanto por el tratamiento de la composición y las figuras, como por las fechas dadas para su ejecución).

En el mosaico malagueño, Belerofonte corre sobre Pegaso y persigue a la Quimera, que huye delante del jinete. En un letrero escrito ante el grupo se lee: (PEGA) SUS BEL/LEROFONS QU/ME/RA. Delante del grupo hay una escena de cacería, con perdices y liebres. El mito fue aquí utilizado como una escena cinegética. El mosaico de Conímbriga es parecido a éste último: falta Belerofonte y gran parte de Pegaso (como el mosaico de Ucero, sólo conocemos estos pavimentos por dibujos, ya que desaparecieron tras su descubrimiento) .

En Ucero, la Quimera, con la lanza clavada en el lomo, persigue furiosa a Belerofonte, que huye levantando el brazo derecho en señal de júbilo. Sobre el monstruo un letrero dice:

BELLEROFONS/IN EQUO PEGASO/OCCIDIT/CIMERA.

En el pavimento emeritense, la Quimera yace muerta, tumbada sobre un montículo con un árbol. Delante de ella, y parado se encuentra Pegaso, en actitud de contemplar a la fiera abatida. Detrás del caballo, Belerofonte, que empuña una lanza, descansa fatigado de la lucha sobre una roca.

Nota: la información, proporcionada por el Museo de Teruel, es provisional al estar todavía en fase de desarrollo la investigación sobre el yacimiento.

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